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miércoles, 5 de mayo de 2010

La crisis económica y la televisión




La crisis económica y financiera en la que estamos inmersos se ha dejado notar en todos los sectores y la televisión no iba a ser menos. En 2008 se disparó el consumo de televisión, propiciado por la necesidad de quedarse en casa y no gastar dinero. Esto provocó que los datos del tiempo que dedican los españoles a ver televisión se incrementasen notablemente y llegasen a alcanzar las 3 horas y media por persona y día.


Actualmente, los datos más recientes que proporciona la agencia de medición de audiencia TNS Audiencia de Medios (antes Sofres Audiencia de Medios) nos remiten al año pasado. Aunque muestran un ligero descenso en los minutos consumidos, llegando a 221 frente a los 226 del año anterior, también mantienen su consumo las personas de edades comprendidas entre los 25 y los 65 años, coincidiendo con los targets con más peso comercial.


Las cadenas no supieron reaccionar ante este incremento en la demanda buscando nuevos formatos, sino que continuaron con la estrategia programática de cubrir los fines de semana con cine de familiar y apostar por la franja de la sobremesa y del prime time.


Aunque no se han producido muchos cambios a la hora de programar los contenidos, sí que hemos podido notar diferencias en los contenidos ofertados. Por ejemplo, desde que se relanzó la Televisión Digital Terrestre (TDT) en España el 30 de noviembre de 2005, la mayoría de los canales recurrieron como estrategia a la reposición de series de éxito que ya habían sido emitidas en el pasado por la cadena principal a la que pertenecen. La TDT se convirtió así en un cementerio de contenidos olvidados, con el que los nostálgicos se frotaban las manos y algunos otros mirábamos a la televisión decepcionados, pues habíamos esperado que la nueva televisión trajera consigo cambios a la hora de disfrutar de los programas, además de un nuevo torrente de formatos.

En estos momentos la televisión digital terrestre no tenía el poder de competir con el modelo de televisión analógica, pues muchos hogares aún no habían adaptado sus televisores para poder recibir la señal. Este sería el espacio de tiempo en el que en los hogares se decidiría la pugna entre TDT y televisión analógica.


Aunque al comienzo era una batalla perdida, debido también a la audiencia residual de la TDT en el momento, cuanto más se acercaba el apagón analógico más apostaban las cadenas por sus canales de TDT, cediéndoles un hueco en el tiempo de publicidad del canal principal para promocionarlas.


Pero centrémonos en las consecuencias directas de la crisis en el mercado televisivo. Éstas se han podido ver en la feria de los formatos celebrada en Cannes. Este año en el MipFormats se ha visto una preferencia por los contenidos de siempre que ya han cosechado un éxito en el panorama televisivo internacional, con los que las cadenas no arriesgan y tiene un valor seguro, dejando de lado la innovación que aportan los nuevos formatos. Esto tan sólo incrementa las limitaciones de las productoras independientes para vender sus contenidos, pues las televisiones prefieren los ya consolidados.


La fragmentación de la audiencia provocada por el incremento en la oferta de canales también ha contribuido a estos problemas. Los presupuestos destinados a la programación han sufrido recortes. Esto se ha podido notar en la escasa presencia de contenidos originales presentados en el MipTV.


Por su parte, nuestro país marca su presencia en la cita internacional del mercado de contenidos. Tan sólo superada por Reino Unido, Francia, Estados Unidos y Alemania se consolida en la producción de contenidos interesantes para el mercado internacional. Este año han sobresalido dos formatos españoles, de los 10 presentados en el acto, el concurso "La habitación asesina"de 3Koma (Grupo Boomerang) y "A seis grados de ti", un formato de Producciones 52.


Las producciones volverán a tener una oportunidad en el "Audiovisual From Spain" una feria organizada por el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), donde se fomentará la venta de formatos españoles en el plano internacional.



Mar Amador Caravantes

jueves, 18 de marzo de 2010

Señores,"esto es lo que hay"

Pobreza, hambre, desigualdad, pena, dolor o impotencia. Estos son algunos calificativos de las huellas que la actual crisis económica está dejando a su paso.

España alberga ya a más de cuatro millones de parados. Cuatro millones de personas que lo único que poseen es un nombre y unos apellidos. Cuatro millones de gente sin trabajo que para el Gobierno son sólo un número; un número compuesto por muchas cifras, pero un número al fin y al cabo.

La crisis pisa fuerte en España, arrastra sombras de temor y desconfianza; destroza vidas y echa a perder todo aquello que se le antoja endeble y pequeño al tiempo que venera lo robusto y colosal.

Cientos y cientos de personas no sueñan por la noche; pues no tienen un lecho donde dormir. Miles de personas no desayunan, ni comen, ni cenan; pues no disponen de comida para alimentarse. Millones de personas no tienen un hombro sobre el que derramar el agridulce sabor de sus lágrimas colmadas de miedo y desesperación; pues se encuentran solas en medio de una vida desértica, ávida de afecto y cariño, abandonadas por aquellos que algún remoto día las quisieron no se sabe bien por qué.

Ardua tarea es la de pasear por las céntricas calles de Madrid sin toparse con demacrados mendigos de rostros marchitos tirados en medio de las aceras más transitadas por los viandantes. Es complejo evitar mirarlos y que algo en tu interior no te provoque una cierta angustia pero, tras meditar largo rato, siento que no puedo hacer nada pues, señores, “esto es lo que hay”. Una sola persona no puede darle la vuelta al mundo ni hacer que, por arte de magia, el actual Gobierno deje de gestionar a nuestro país de esta manera tan torpe e insensata.

Niños, jóvenes y mayores habitan en la calle; suelo de todos y de nadie, casa en la que se asientan hombres, animales, insectos y plantas… La calle; morada poblada de mundanales vagabundos que albergan la esperanza de que al fin no amanezca otro melancólico y oscuro día, amenazado por truenos y relámpagos… La calle; albergue en el que habitan los peregrinos del vasto mundo que aguardan ansiosos el florecer de la primavera eterna que nunca llega. Albergue de esos peregrinos que otean el horizonte buscando el Sol que nunca nace y que nunca perece. La calle; cobijo de transeúntes que suplican piedad, mas lo único que reciben es la indiferencia de los que van y vienen a su lado pero, al tiempo, miembros de otro orbe.






Éstos son los callejeros, los que tan solo reciben el olvido de aquellos que nunca los han recordado; el olvido de aquellos que ni siquiera se han dignado a mirar su semblante pálido y agotado. Éstos son los que receptan el desprecio y la arrogancia de aquellos que parecen formar parte de otro planeta. Los que no reciben nada… Ni una sola mirada… Éstos son los pordioseros.

Y la vida pasa atemorizada sobre sus rotos y mugrientos cartones; la vida pasa, agotada y hambrienta, sobre sus cabezas abatidas, por delante de sus melancólicas miradas. La vida pasa aunque, a su parecer, permanezca estancada. Y es la misma vida la que se ocupa de poner fin a la existencia de todo aquel que subsiste a duras penas… Ella misma se encarga de deshacerse de la miseria y la enfermedad.

Y la pobreza se reproduce y se multiplica al tiempo que los que la sufren escuchan cómo los más pudientes, descendientes de esa tierra de todos y de nadie, pronuncian palabras que retumban en sus oídos y se clavan en lo más profundo de sus almas. Palabras que hieren y desesperan, palabras que se las lleva el viento porque, en definitiva, las palabras son sólo palabras. Palabras pronunciadas por aquellos necios que no ven más allá de sus narices, ya que puede que algún día sean ellos quienes pasen al otro lado; al lado de los que nada tienen. No llegan a pensar que quizá algún día sean ellos los sin techo; los dueños del asfalto de nadie.

Todos los derechos de esta imagen pertenecen a la web http://firgoa.usc.es/drupal/taxonomy/term/141?from=140, de donde ha sido tomada.

Vanesa Mures Jáñez